El barcito de la esquina

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Esta mañana mientras esperábamos a que abriera el municipio, nos tomamos un café en el bar del pueblo. Hemos tenido que ir hasta Vicenza y ejercitarnos tantísimo en la paciencia y luego, como premio, almorzamos otra vez en este lugar, unos paninos, helados y café.

Enamorada de este país.

¡¡Muchas gracias a todos los que comentan mis historias!! Y a los que me escriben por aquí. Me encanta que se sientan inspirados por estos lugares tanto como yo al verlos, hay dos personas que me escribieron sobre la nostalgia que le provoca haber visto los pueblos de sus abuelos en mis historias. ¡¡¡Gracias!!! 

** Este post fue publicado tal cual en Instagram y Facebook, por eso la referencia del último párrafo. También agradezco a quienes me leen por aquí.

Buscando un tiempo más lento

Italia-nel-mio-cuore

Si me lo pienso dos veces, por momentos me cuesta creer que este paisaje esté a la vuelta de la esquina. Que para ir a comprar queso, tenga que pasar por un puente o cerca de un torrente pequeñito de agua, o que tenga una heladería de pueblo a pocos metros, donde te envuelven el helado en papel. También el grana nos lo dan envuelto en papel encerado y el pan siempre en bolsa de papel. Estoy alucinada con los caminos, la muralla de Maróstica cada vez que pasamos por ella, los pueblitos que nos rodean y las montañas.

Con el verde italiano y su vegetación inmensa, los viveros, las flores y la arquitectura. Hoy fuimos buscando una escuela y nos perdimos por caminitos angostos con casas a cada lado y sus chimeneas encendidas, humeantes... A medida que vas subiendo por la montaña el aire va cambiando y lo notas, como si de adentrarse en un buen libro se tratase. Los días son muy lluviosos y el clima parece transportarte sin pedir permiso. Hoy he parado a comprar un ciclamen para llevar a casa de unos amigos y el vivero, que estaba al lado de la montaña, parecía pintado. También hemos tenido que encender la chimenea con la leña con nos ha prestado Bruno pues la nuestra no acaba por llegar, al parecer, aquí es como Uruguay "si no llueve mañana nos la traerán" así que me parece que nos tendrán que seguir prestando leña. Esta noche cenaremos polenta pues las niñas estaban con muchísimas ganas y la verdad es que nosotros también. El tiempo invita a quedarse dentro, aunque aún nos queden muchos papeles por resolver. Cuando salga el sol, como dice el señor de la leña, podremos hacerlos. Mientras tanto, disfruto del sonido de la lluvia, que otra vez se hace presente en la noche. En realidad son las siete pero oscurece a las cinco y hemos entrado en una onda campo increíble que ya desde temprano queremos ir a dormir.

Este último tiempo ha sido de locos así que descansar nos viene muy bien! Qué placer la vida de campo! Cuánto extrañaba vivir en una ciudad pequeñita!! Hasta la próxima...

Celebrar con invitaciones divinas

Este es mi primer post, donde hablo de mi llegada a Madrid y del por qué me decidí a venirme. Cómo transcurren mis días y en qué me inspiro, un pasaje lento entre acuarelas y una invitación hecha a mano para que comencemos a conversar, como quien se sienta en un café a charlar un rato con una amiga. ¡Que lo disfrutes!

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