CLASE DE CARPINTERÍA

Esta historia está escrita en mi antiguo blog el 20 de marzo de 2012 y es una de las que más quiero, así que me pareció una buena idea compartirla con ustedes y que quede en este sitio también. Espero que la disfruten tanto como yo! Me encantará leer sus comentarios, muchas gracias!

. . . 

Foto tomada en el taller del Carpintero Steckl, en Paysandú Uruguay

Foto tomada en el taller del Carpintero Steckl, en Paysandú Uruguay

El trabajo de las manos es silencioso y tiene ritmo propio. A través del oficio uno se conecta con el momento presente y de allí salen buenas cosas producto de esa dedicación. Trabajar con las manos no es para gente apurada. Hay que aprender primero la técnica para luego sobrepasarla y después viene todo el asunto de la improvisación. 

- Un carpintero tiene que saber pararse para serruchar, si te parás mal te cansás – me dijo Carlos la primera vez que lo vi. 

Caí en su taller porque necesitaba unas agujas de madera para hacer crochet. Se las encargué con prisa porque a las semanas siguientes comenzábamos las clases y quería probarlas un poco antes.

- ¿Sabés por qué tengo tantas radios añejas desparramadas por todas partes?

- No -le contesto

- Aunque te parezca mentira cada una de ellas está sintonizada en un dial diferente, aquella de allá sintoniza radio Sarandí, aquella otra El espectador e incluso tengo alguna radio argentina. Esa de ahí es una National Panasonic, las compro por dos pesos. 

Sonreí porque me pareció tan simple. Así como lo conocí, así era y eso estaba muy bien. Como los niños que no la complican demasiado y son transparentes por naturaleza.

Me contó que había crecido entre cañas de azúcar y que su madre le preparaba una vianda en una lata de café todas las mañanas antes de ir a trabajar. También un día me contó que jugando de chico con una de las máquinas de su padre –mecánico de profesión, se trituró un dedo y pasó buen rato escondido para que su madre no lo retara quien horas más tarde casi muere del susto cuando lo encontró.

- Todos tenemos marcas, me dice mientras una verdad universal se dibuja en su cara. Qué bueno es tenerlas, pienso.

Todo sucede en un instante y depende de nosotros hacerlo eterno. Hay que estar ahí en el momento indicado con los oídos hambrientos de historias. Y ahí estaba yo parada frente al carpintero que toda la vida había estado a dos cuadras de mi casa, sorprendiéndome como si hubiera tenido que viajar miles de kilómetros para conocerlo.

 

Celebrar con invitaciones divinas

Este es mi primer post, donde hablo de mi llegada a Madrid y del por qué me decidí a venirme. Cómo transcurren mis días y en qué me inspiro, un pasaje lento entre acuarelas y una invitación hecha a mano para que comencemos a conversar, como quien se sienta en un café a charlar un rato con una amiga. ¡Que lo disfrutes!

Read More