VIAJE A Trento por unas horas

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Pablo me dice que tengo que volver a pintar. Y es verdad, pero en estos días, mientras todavía nos acomodamos, tengo la necesidad de ir dejando en palabras todo lo que estamos viviendo.

Esta mañana hemos ido a Trento. Fuimos por un camino increíble porque algunos tramos de las rutas principales estaban cortadas y tuvimos que ir por el costado. Cuánto mejor… pasamos por Sarson, Campese, Campologno sul Brenta y San Nazaro. ¡Cómo describirlos…! Ay, ¡las palabras se me quedan cortas! Me está gustando muchísimo la compañía de las montañas, juego a mirarlas fijo mientras Pablo maneja y trato de conectarme con su inmensidad. Los árboles que las habitan ya están anaranjados, amarillos y marrones, porque de este lado del mundo, estamos en otoño hace un tiempo. Y así, vamos avanzando por los caminos angostos bordeados de piedras redondas una sobre otra, tan llenas de musgo de un verde nuevo y brillante.

Nos encontramos con varios ciclistas por el camino, van vestidos tan bien que me parecen todos muy profesionales. Quiero comprarme una bicicleta, he visto una holandesa que está muy bien de precio y me está tentando muchísimo, pero me lo pienso porque ahora se viene el frío y la nieve y me da un poco de pereza. Vemos por todas partes las chimeneas humeantes, y al fondo, las montañas siempre. Son tan grandes que abrazan a todas las casas y al prado que está a sus pies. Vemos arrieros con sus ovejas y cabras. Carteles de sitios donde hacen quesos y puestos de manzanas, miel y nueces. ¡¡¡Quiero parar en todos los sitios!!! Cuando finalmente llegamos a Trento, estamos muy pocas horas pues ya casi tenemos que volver, hay que buscar a las niñas en la escuela.

Le digo a Pablo que mi próximo escrito será sobre la belleza del camino, sobre disfrutar de todo lo que te va pasando mientras tu objetivo es llegar. La verdad es que estuvimos cuarenta minutos en Trento y ya tenemos que emprender la vuelta. Quiero volver otra vez a caminar sus calles. A la vuelta, paramos en una estación de servicio y compramos unos panes con salame y otros con speck y mortadela. Dos macchiatos y un chocolate blanco, de los más ricos que he comido. Seguiremos un poco más hasta llegar a San Nazaro, donde es inevitable detenernos, porque pasa un río que creemos sea el Brenta, y pasamos por el puente ancho, con barandas tan bajas!! Y tan alto, con el agua tan revuelta… qué vértigo!! Alucinamos con las montañas otra vez, bordeando la ciudad, el olor a campo que hay en el ambiente y las chimeneas humeantes que no nos abandonan. El pueblo me puede el corazón, estoy enamorada de los pueblos y del campo tan habitado. Hay cafecitos pequeños pero la verdad es que tengo que ponerme un límite con los cafés diarios si no acabas por tomarte diez cafés al final del día… cosas de vivir aquí. Hay miles de papeles por resolver, pero cada cosa a su tiempo, como dice mi amigo Beppe, mi espectro del soportar la burocracia se ha vuelto más alto.. de a poco, ¡nos vamos entrenando! 

Ya estoy pintando de nuevo. Desde lo alto de esta casa-granero, donde hemos sabido instalar una mesa prestada, una alfombra marroquí también prestada, y todas las pinturas. Pueden escribirme con sus consultas, pedidos, y lo que quieran! Aquí estoy! Un saludo e buona giornata!!!